jueves, octubre 06, 2005


LA EXCEPCIÓN DE LA REGLA

Los convencionalismos respecto al buen gusto le sugieren a una alejarse de toda actitud u objetos pretenciosos, putifruncis o recargados. Si bien me inscribo en tal apreciación, (aunque no siempre me he de identificar con el postulado "menos es mas", puesto que, al fin y al cabo el minimalismo le ha sacado bastante provecho, y tan minimalista la cosa se pone fria e impersonal), ultimamente ha aparecido en mi vida una dicotomía bastante clave al respecto. Es cierto que las cosas redecoradas agotan, y que cuando se disfraza algo por Dios que se nota. A la larga se descubren las joyas falsas y los cuadros de imitacion, y nada mas feo que poner en evidencia que se le intentó quitar la honestidad a los materiales digo. Como sea, salgo a la calle, veo un ejemplo claro de la deshonestidad y redecoración y me gusta. Me gustan las palmeras, y qué. Y no hablo de las palmeras tipo Miami que plantan en todo Santiago (típico complejo de tercermundista, querer acercarse siempre a modelos como el americano), no , hablo de la oda al kitsch, las palmeras-antenas. Y me atrevo a decir que hasta las encuentro de buen gusto.
Puede que se note que son falsas, que a muchos les de risa que aparezcan con tanto descaro, pero qué. La antena la ponen igual, y asi que sea pasa un poco mas desapercibida. En una ciudad llena de cables y demases, las encuentro sumamente consideradas, hacen de algo tan inevitable como son dichas antenas, en un elemento que no interrumpe, no interviene, y hasta, en algunos casos, decora. Puede que ecologistas y naturistas se vean ofendidos con tamañana paradoja, pero en la voragine de intervenciones que es nuestra ciudad, esta, me gusta.
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